martes, 12 de mayo de 2009

¡INDUSTRIAS FARMACEUTICAS! ¿UN NEGOCIO O UNA EPIDEMIA DE LUCRO?


Definitivamente la plaga de enfermedades en los últimos tiempos ha generado la demanda de medicinas, pastillas, capsulas y una variedad de productos químicos medicinales para el tratamiento y también la prevención de las enfermedades. La industria farmacéutica es un sector empresarial dedicado a la fabricación, preparación y comercialización de productos químicos medicinal para el tratamiento y también la prevención de las enfermedades, que en diferentes casos reporta niveles de lucro económicos muy altos. Estas empresas son las principales entidades sanitarias públicas que elaboran nuestra medicina.
Sin embargo la industria farmacéutica está guiada por ganancias igual que cualquier otro negocio. La gran diferencia es que la mayoría de negocios no impactan directamente sobre nuestra salud y los tratamientos son brindados por nuestros así llamados proveedores del cuidado de salud. Nuestra salud juega un papel importante dentro del negocio farmacéutico. Vidas de centenares de millones de personas y las economías de todos los países son mantenidas cautivas por las inversiones farmacéuticas "negocios con la enfermedad." Las compañías farmacéuticas gastan el doble de la cantidad de dinero en comercializar drogas que lo que invierten en investigación real.
Es lógico que la mayor parte de las empresas farmacéuticas tengan carácter internacional con sucursales en muchos países del mundo. Se define como un espacio totalmente moderno, que la ocupan licenciados universitarios, biólogos, químicos, bioquímicos, ingenieros, microbiológicos, farmacéuticos, médicos, físicos, así como titulados en enfermería. Son estos profesionales que trabajan en producción, desarrollo, control de calidad, marketing, representación médica, relaciones públicas o administración general. Son aquellos profesionales mencionados que desarrollan el nivel de interés y posicionamiento económico al alto precio de nuestra salud.Las farmacias de los hospitales venden y revenden los productos químicos con un precio totalmente alto. Ellos identifican deliberadamente el cuerpo humano como su ámbito de mercado con el objetivo de generar más riquezas. A lo largo del siglo XX, la industria farmacéutica se desarrolló y organizó con el objetivo de controlar los sistemas sanitarios de todo el mundo mediante la sustitución sistemática de terapias naturales no patentables por sustancias sintéticas patentables y, por tanto, lucrativas. Esta industria no evolucionó de forma natural. Al contrario, fue una decisión adoptada por un puñado de empresarios adinerados y sin escrúpulos que querían hacer una inversión.
Un claro ejemplo es la llegada de esta enfermedad global llamada al principio gripe porcina, y ahora es dicha como el virus H1N1. Dos medicamentos antivirales (Relenza, fabricado por Glaxo Smith Kline, y Tamiflu, de Roche AG y Gilead Sciences Inc.) han demostrado que funcionan para combatir la nueva cepa del virus H1N1 de gripe porcina. Empresas farmacéuticas han donado millones de dosis de sus medicamentos a la OMS.
La gripe porcina está dejando vislumbrar muchos intereses en el mundo que desata esta crisis. El virus H1N1 ha llegado a ser una plataforma económica para las industrias farmacéuticas. No se sabe su positivamente o degradante para algunos. Sin duda este es el aumento de la mala imagen de la industria farmacéutica. Es cierto, ese es el sector que obtendrá mayor beneficio económico de esta crisis sanitaria global. Pero durante los últimos lustros se han acumulado, en parte de manera inducida y en parte por la coyuntura de este tipo de sucesos, varias enormes crisis que a la par que endiosaban a las farmacéuticas en el Olimpo económico del capitalismo global las hundían en el listado de percepción pública. La ciudadanía ha visto muchas cosas sucias y no está por la labor de creerse todo lo que le cuentan a pié juntillas. Es obvio que cuando uno se enferma agarra lo que más tiene cerca; es por eso, que hay que estar siempre atentos a que sus fármacos sean los primeros en ofrecerse como especialistas.
Otro ejemplo es Durante las semanas posteriores a los atentados del 11 de septiembre del 2001, por todo el mundo se extendió el temor ante la posibilidad de nuevas agresiones que esta vez tendrían como protagonista a la bacteria del ántrax, conocida arma biológica, que por cierto. La muerte de tres personas durante el mes de octubre ayudó a alimentar el terror global. La multinacional germana poseía en esos días la patente del antibiótico Ciprobay, el más efectivo contra el ántrax. El Gobierno de EE.UU necesitaba 1.200 millones de pastillas pero Bayer sólo podía fabricar 60 millones cada mes. Ante esta precipitación, el Gobierno de Canadá y el Partido Demócrata estadounidense propusieron obviar la patente de Bayer y encargar a otros laboratorios que produjeran un genérico de Ciprobay. Bayer amenazó con demandar al Ejecutivo canadiense y en este particular tira y afloja tuvo que rebajar el precio de la caja de Ciprobay de 330 euros las 60 dosis a 90 euros.
Actualmente en el Perú la industria farmacéutica peruana planea invertir 15 millones de dólares en diversos procesos productivos así como estudios de investigación. El representante El presidente de Adifan, Manuel Yzaga, recordó que desde el 2004 la industria local ha invertido 50 millones de dólares para mejorar la calidad y competitividad de sus productos y, por ende, incrementar sus envíos al extranjero. Precisó que una parte de este monto corresponde a investigación para nuevos productos como, por ejemplo, medicamentos contra el cáncer y el sida, en los cuales actualmente ya se encuentran trabajando las empresas nacionales.
Es curioso. Ahora podemos curar varias enfermedades, pero aparecen muchas nuevas. Será solamente la evolución o es ¿qué si se acaban las enfermedades la industria farmacéutica quiebra? De hecho las enfermedades son un buen negocio. Todo este negocio del miedo definitivamente tiene mucho que ver con los intereses de los fabricantes de fármacos.

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